Educación en tiempos de pandemia

Rosalio Tovar Ortiz.

rosaliotovar@yahoo.com.mx

Escuela Secundaria José Vasconcelos.

El año 2020 se cimbró el mundo al difundirse el surgimiento de un nuevo mal que se avecinaba paralizando las actividades donde el ser humano interviene; la llegada del COVID-19 hacía estragos en la humanidad y los diversos gobiernos mundiales implementaron medidas para enfrentar el mal y disminuir los efectos devastadores de esta terrible enfermedad. A partir de la detección del primer caso de COVID-19 en México el 27 de febrero de 2020 y cuando la Organización Mundial de la Salud el 11 de marzo de ese mismo año por la cantidad de casos de contagio y de países involucrados calificó como pandemia el brote de coronavirus COVID-19, estos hechos fueron sensibles para que las autoridades de salud a partir del 23 de marzo de ese mismo año suspendan toda actividad presencial en México. 

A partir de entonces las autoridades educativas de todos los niveles, inician una movilización encaminada a proteger la salud y la vida como uno de los derechos fundamentales del ser humano, solo que ahora por disposición de las autoridades de salud resguardando a la población escolar en los hogares para evitar los contagios, medida que sin duda representó un desafío a las actividades cotidianas que la escuela venía realizando en sus espacios, cimbrado por estas circunstancias el sistema educativo nacional, que se vio obligado  a tomar otra ruta, teniendo como objetivo principal el cuidado de la salud y otro inherente a su propia función o competencia: la enseñanza.

Cuando autoridades de salud y educativas instruyeron a los centros escolares al confinamiento de alumnos y personal laboral, afloraron múltiples prácticas que familias, directivos, docentes y alumnos introdujeron para mantenerse en contacto con sus aprendizajes, sobre todo en educación básica, de manera preferente en el nivel de secundaria, donde la comunidad educativa dio muestras de creatividad, innovación, ingenio quienes mediante distintos ritmos dieron sentido a la educación a distancia empleando diversos medios de comunicación y siempre con el uso de libros y cuadernos, brindando así el servicio educativo a la diversidad social y económica de alumnos que se atendió. 

Uno de los contextos que la pandemia afectó, fueron los hogares que hicieron visible la diversidad de privaciones de numerosas familias, otras de bajos ingresos que a contracorriente y con ausencia o insuficiencia de recursos tecnológicos los hijos en edad escolar, impidieron en buena parte conectarse con los aprendizajes y sus docentes, evitando el rezago, el abandono o el fracaso escolar; en estas acciones debe señalarse las estrategias promovidas por los equipos directivos y docentes quienes diversificaron estrategias para involucrar a la población estudiantil en el procesamiento de los saberes que la nueva dinámica escolar exigía, dificultando la construcción de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) propósito educativo de la SEP al inicio del ciclo 2019-2020, que entre otras intenciones tenía no dejar a nadie atrás ni  afuera del logro de aprendizajes.

Por su parte, para directivos y docentes las tarea se incrementaron, entre otras identificaron en los hogares las herramientas tecnológicas con que cuentan los alumnos para cumplir con las actividades de aprendizaje, así como el tiempo que los padres o familiares dedican en su acompañamiento, dieron cuenta de la ausencia o presencia de espacios adecuados y tranquilos, así como materiales suficiente o insuficientes en el hogar para el desarrollo de sus tareas escolares, estos y otros elementos a la hora de interactuar con los alumnos, padres o tutores  formó parte del diagnóstico para preparar y planear actividades de enseñanza durante la pandemia.      

Los embates que el COVID-19 asestó a las labores escolares estuvo de manifiesto en los docentes que, sin previo aviso, se vieron inmersos en el manejo y uso de las tecnologías con fines educativos, fue un predicamento para algunos de ellos que, ante la nueva realidad de sustituir el aula y la escuela como espacio de la enseñanza tradicional, fue un proceso de intensa búsqueda y adecuación a las nuevas y diversas herramientas tecnológicas que disponían tanto ellos como sus alumnos. En algunos casos la incursión en el manejo de este tipo de artefactos educativos fue sobre la marcha al inscribirse en cursos y talleres para conocer su manejo y aplicación.

Muestra de lo anterior es una encuesta aplicada por la sección 9 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación/Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE/CNTE) a docentes de la Ciudad de México, 58 por ciento respondió que cuenta con una formación digital básica, 16 por ciento afirmó que sólo tiene un teléfono inteligente para acceso a plataformas digitales, y únicamente 1.7 por ciento está en condiciones de manejar programas de diseño. En la misma encuesta, los profesores manifestaron que sólo 25 por ciento de sus alumnos tiene una computadora conectada a internet en su casa y que 75 por ciento de sus padres o madres tienen que salir a trabajar fuera del hogar (Díaz Barriga, p. 22. Educación y pandemia. Una visión académica. 2020).

Por su parte la autoridad educativa emitía acuerdos: primero para evitar que las madres y padres de familia o tutores lleven a la escuela a sus hijas, hijos o pupilos, cuando estos presenten algún cuadro de gripa, fiebre, tos seca, dolor de cabeza y/o cuerpo cortado. El lunes 16 de marzo de 2020, la Secretaria de Educación Pública (SEP) emitió el Acuerdo 02/03/20 por el que se suspenden las clases en las escuelas de educación preescolar, primaria, secundaria, normal y demás para la formación de maestros de educación básica del Sistema Educativo Nacional, así como aquellas de los tipos medio superior y superior dependientes de la SEP en el periodo del 23 de marzo al 17 de abril de 2020. Lo anterior, como una medida preventiva para disminuir el impacto de propagación del COVID-19.

El anuncio fue: todos al confinamiento, de inmediato la SEP instruyó a directivos y docentes a elaborar un plan de aprendizaje en casa privilegiando la lectura, la conversación, juegos de mesa, el uso de operaciones básicas, comentar anécdotas e historias en el seno familiar, sobre todo involucrar a directivos a valorar a que asignatura se les dará prioridad durante el aislamiento, el esfuerzo radicaba durante este periodo mantener a las familias en casa, donde los alumnos pudieran realizar actividades de manera autónoma o de forma colectiva con los miembros de su familia, además de reforzar los hábitos de higiene personal y limpieza en el hogar sumado a una sana alimentación y activación física.         

Mientras, las personas  contagiadas y los decesos iban en aumento, los docentes intensificaban estrategias para mantener a sus alumnos integrados con sus saberes, así avanzaba a su término el ciclo escolar 2019-2020; en ese camino fueron notables la presencia de desigualdades en las familias, hogares desestructurados, fue notorio la carencia de insumos básicos como son el acceso a internet, falta de dispositivos electrónicos para acceder a las actividades, escasez de recursos económicos, pérdida de empleo de uno o de ambos padres, lo que motivó que directivos y docentes implementaran estrategias de atención diferenciadas para atender grupos diversidad de población escolar enfrentando en alumnos y familias desencanto y desmotivación expresado como aburrimiento, flojera, cansancio, falta de concentración, fatiga, llegando al extremo cuando a causa del COVID-19 el alumno vio morir a su padre o madre y en otros casos a un familiar o amigo.

Ante de concluir el ciclo escolar 2019-2020, es decir al inicio del tercer momento de evaluación, la SEP implementa dos acciones fundamentales primero: la estrategia aprender en casa que tiene como fin involucrar al mayor número de alumnos en los aprendizajes y segundo: valoraciones para evaluar que pretenden disminuir la reprobación del ciclo que está por terminar, estas acciones tienen el propósito de favorecer aquellos alumnos que en sus hogares no cuentan con las herramientas o materiales para desarrollar los trabajos o actividades escolares y la evaluación del tercer periodo será el promedio de las calificaciones obtenidas en los dos periodos de evaluación previos; considerando criterios de equidad y el interés superior de niñas, niños y adolescentes procurando su continuidad académica.

Entre el desconcierto y la incertidumbre inicia el ciclo escolar 2020-2021 con el anuncio de las autoridades educativas de la incorporación de las televisoras apoyando la estrategia de enseñanza aprender en casa II como el eje del aprendizaje a distancia, acción que sin duda parte del diagnóstico que reconoce la numerosa ausencia de dispositivos tecnológicos en los hogares y el escaso acompañamiento de padres o tutores en las actividades de enseñanza de sus hijos, entre otras carencias. A lo anterior se implementó un protocolo de regreso a clase en la nueva normalidad donde prevalece la sana distancia, los filtros en el hogar y escuela, el uso de mascarillas, gel y sanitizantes, el correcto estornudo, el aseo frecuente de manos, medidas preventivas y sencillas para amortiguar la trasmisión del virus que aún nos queda por aprender.

Durante el desarrollo del ciclo escolar 2020-2021, la SEP previendo el agravamiento de la pandemia emite el acuerdo 26/12/20 por el que se establecen las orientaciones pedagógicas y los criterios para la evaluación del aprendizaje para la educación básica en el periodo de contingencia sanitaria generada por el virus SARS-CoV2 (COVID-19), que tiene como esencia la comunicación en tres niveles de concreción: a) Comunicación y participación sostenida, b) Comunicación y participación intermitente y c) Comunicación, prácticamente inexistente y otras consideraciones que envuelven el contexto del estudiante mismas que deben ser observadas por el docente antes de emitir una calificación.

Elemento vital para su atención es el de las emociones, después de 10 meses de pandemia enclaustrados en los hogares, con pérdida de empleo, familiares contagiados y en otros casos fallecidos; la comunidad escolar se encuentra en un distanciamiento social que le afecta, imágenes y pantallas minan la vida relacional de sus integrantes y las emociones negativas como la apatía, la angustia, la tristeza, la depresión, la precarización de recursos desmotivan y dificultan  las emociones favorables como el entusiasmo, el gusto por aprender, el optimismo, la alegría, lo que inhibe y en ocasiones anula la enseñanza y el aprendizaje.

Después de meses de trabajar a distancia, mención especial merece atención a la salud emocional del docente que en el desempeño de su profesión se esfuerza por lograr resultados de calidad en el aprendizaje de sus alumnos lo que implica el desarrollar sus capacidades y potencias, para lograrlo debe adaptarse a los cambios y estar cerca de sus alumnos, conocer su mundo y mantener vínculos a fin de hacer una vida relacional que fortalezca la autoestima, la resiliencia y la capacidad de crear, ser flexibilidad instaurando un compromiso emocional con ellos y sus padres o tutores.

Si la educación es una profesión que con lleva un alto contenido emocional y en su práctica los docentes mantienen relaciones frecuentes con sus alumnos que hoy se ven afectadas por la pandemia que mina su accionar en doble partida, por un lado invierte energías en su práctica y en contener el comportamiento de sus alumnos y por otro a protegerse el y su familia de los embates de la enfermedad, lo que significa una regulación emocional y una búsqueda constante en su equilibro.  

En esta modalidad de educación a distancia para los alumnos está ausente la relación con sus pares, no hay con quién acompañarse, con quien acordar o desacordar, con quién reír, con quien compartir las vivencias diarias del contexto familiar o vecinal, otro aspecto y no menos importante es el recreo escolar espacio ausente que produce alegría, emoción, gusto, euforia, el abandonar las aulas de manera rápida es una expresión de libertad, el buscar a sus compañeros o amigos con quién compartir ese tiempo es básico para recargarse de energía, el escuchar y ser escuchado de manera refrescante y divertida.

En el recreo los alumnos le dan sentido a la recreación, en ese momento son protagonistas de sus decisiones, dueños de su espacio, de lo que sucede a su alrededor, en sus acciones a través de la comunicación favorecen la socialización y la creatividad, la imaginación, los vínculos afectivos se gestionan en el patio de recreo dando paso a la identidad y la relación con el otro.

Por lo anterior, con la llegada de la escuela al hogar producto de la pandemia, la función social de la escuela quedó en el camino, el diálogo, la tolerancia, las miradas, los silencios, el encuentro con el otro no tuvieron lugar para recrear, desarrollar y convivir emocionalmente; la escuela como el lugar predilecto para socializar a los sujetos y prepararlos para vivir con otros en sociedad quedo reducida a la relación padres-hijos y docentes con resultados sociales imprecisos, en otros casos más allá de los aprendizajes no se contó con la escuela como el refugio que protege y repara el daño causado por el ambiente social violento que en otros contextos viven los alumnos.